La banda suena con La bala, tema que habla de un joven involucrado en el crimen de su hermano. La canción, revisada por las radios, es parte de un álbum trabajado con el guitarrista de La Sociedad
por Claudio Vergara/Chile
Para alguien que ha escrito sobre los jerarcas de la droga, que ha cantado sobre indocumentados que se resisten a la legalidad y que ha crecido entre la pólvora de pandillas rivales, podría resulta difícil amedrentarse con las miradas de recelo de programadores radiales o de audiencias menos enteradas. Por eso, Jorge Hernández, el líder y cantante de Los Tigres del Norte -esa institución de la música mexicana que popularizó los polémicos corridos consagrados al universo narco- no se molesta y hasta ofrece una salida rápida: “Si no les gusta esta canción, no hay problema: ya sacaremos otra para hacer promoción”.
Con verso y todo, el artista habla de La bala, el último sencillo del conjunto y con el que desde hace un mes buscan el estallido definitivo en Chile, intentando materializar un arrastre paulatino incubado en el histórico fervor local que despierta la música de su país y afianzado en hitos puntuales, como su paso por Viña 2006 u Olmué 2014.
Un tema que ha generado una pequeña convulsión en las emisoras chilenas más populares y cuya letra ha sido revisada en detalle por ejecutivos y programadores: se trata de la historia de un joven que, bajo el encubrimiento cómplice de su familia, empieza a esconder armas y traficar drogas junto a su nueva patota de amigos, hasta que se convierte en el autor intelectual del crimen de su hermano.
“Este ha sido un trabajo lento, porque aún hay muchas radios que miran con rechazo a Los Tigres. Pero eso pasa porque no ven la realidad, no entienden que esto también sucede en Chile”, explican desde Show Prime, la firma que maneja a los mexicanos en el Cono Sur. “Nuestra idea es hacer una denuncia y en ningún caso motivar a que la gente quiera protagonizar estas historias”, enfatiza Hernández, como parte de un cancionero que también habla de inmigración, pobreza y corazones destrozados. Seguir leyendo


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