Julio Jaramillo falleció la noche del jueves 9 de febrero de 1978, a los 42 años, en la Clínica Domínguez de Guayaquil. Había sido ingresado por cólicos en la vesícula y sometido a una cirugía de emergencia. El deceso se conoció a través de Radio Cristal. La tragedia ocurrió en plena víspera de carnaval y la noticia se propagó como reguero de pólvora, provocando una profunda conmoción primero en Ecuador y, poco después, en varios países de la región.
El adiós a ‘El Ruiseñor de América’ se convirtió en un evento masivo y caótico que duró tres días. Admiradores de todas las provincias y de todos los estratos sociales se volcaron a las calles para despedirlo. Miles de personas trasladaron su féretro desde la clínica al auditorio de Radio Cristal, luego al Palacio Municipal y al Coliseo Cerrado, en lo que se describió como ‘el más triste de los carnavales’.
La multitud era tal que, en el Coliseo, la gente repetía la fila para volver a ver su rostro, pues no podían creerlo. Se reportó que cerca de 200.000 personas desfilaron ante sus restos. En contraste con la marea popular y de acuerdo con la crónica de la época, ningún representante del gobierno local o central asomó las narices durante el sepelio. La muerte de Julio Jaramillo no solo paralizó la ciudad, sino que lo consagró en el panteón de los mitos, convirtiendo su figura y su música en un referente clave de la cultura popular latinoamericana.
Por Juana Pen̈a


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