POR: Grisbel Medina R.
G. Medina y Y. Taveras en Chile, casa de Neruda en Isla Negra, en 2010, cuando se registró el terremoto 8,8.
La tierra convulsiona. La depredación y contaminación propiciada por el ser humano alcanza niveles ilimitados. Por eso el planeta se ha vuelto brusco, muta y aumenta su escala de sacudidas que dejan un lastre pesado y trágico.
En Chile las treguas de la tierra son cada vez más cortas. En el 2010, estando Michelle Bachelet en la presidencia, un terremoto de 8,8 grados sacudió la nación de vida sencilla y pausada, de parejas que caminan agarradas de la mano y donde anualmente las figuras del espectáculo se empeñan en domar el desafiante monstruo del Festival de Viña del Mar. El sismo del 2010 fue de madrugada y a mí me bramaron los dientes. En aquella ocasión el mar arropó la ciudad de Concepción y los muertos sumaron 524. Hoy, poco tiempo después y con la misma inquilina en el Palacio de La Moneda, la tierra vuelve a rugir en Chile y las aguas grises del Pacífico amenazan con alcanzar categoría de tsunami.

.jpg)



